6.15.2005

Imaginación





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Amor,




Anoche mientras salía de mi apartamento con una botella de vino en la mano, sonreía y pensaba que de no contarte este detalle jamás te enterarías. Las botellas de vino, la música, el ambiente animado y los bellos ojos de él que no paraba de sonreirme mientras bailábamos.

Cuando me llames este domingo, como siempre haces desde que estoy aquí en la Universidad, me contarás de lo que hiciste en la semana, del trabajo agotador, de que jugaste baloncesto con los amigos y el jueves fuiste a beber un rato. Me dirás que me extrañas, que sin mí nada es igual, que me deseas y que no ves la hora en que al fin vaya de visita para hacerme el amor durante horas. Por mi parte te contaré que he pasado la semana estudiando y pensándote, que sin tí nada es divertido. Quizás te cuente de la fiesta de anoche, pero omitiré los detalles que más gozo me dieron.

No puedo contarte que mi cuerpo te extraña, pero soy capaz de pasarla bien sin tí. Cómo decirte que anoche entre copa y copa, bailando con él, sintiendo su aliento en mi cuerpo y su sexo rozando mi vientre, pensé que ciertamente te amaba. Y que eran lindas las ideas de fidelidad y amor eterno, pero eran sólo eso...ideas, demasiado elevadas para simples mortales.

"Puedo resistirme a todo, menos a las tentaciones", decía Oscar Wilde, y él fue la tentación de anoche. Mientras besaba mi cuello y deslizaba sus manos por mi cuerpo, sentía que me humedecía toda, y esa mi "otra boca" palpitaba anhelante. Temblaba a las espectativa. Necesitaba sentir directamente el pecho de ese hombre contra el mío sin las molestas barreras de la ropa. Me imaginaba lamiendo con deleite su abdomen y oliendo sin pudor su sexo enhiesto.

Fuimos a mi apartamento, cuando las ganas se hicieron insoportables. Miró mi habitación llena de libros en cada esquina, y varios cojines en el suelo, allí donde me tumbaba a escribir mis cuentos y poemas. Todo lo vió con admiración y se agachó a recojer una hoja de papel en el suelo, eran mis intentos de versos de aquella tarde. Lo ví enrojecer mientras leía y me pidió que los recitara.

Mientras lo hice, se fue quitando la ropa entre jadeos, me miraba fijamente, con el deseo más puro y salvaje reflejado en el rostro. Se acercó a mí y me besó en la boca. Yo disfrutaba plenamente de su delgadez, fuerte y exitante. Se arrodilló ante mí y besó mis piernas mientras me quitaba los zapatos de tacón. Fue subiendo las manos bajo mi vestido negro y yo le agarraba del cabello guiando su boca por mis muslos. Bajó las bragas, totalmente mojadas por jugos delatores del deseo que sentía, y las olió con intensidad. Cuando quiso besarme el sexo, lo hice subir negándole su objetivo.

Lo guié hasta la cama, hice que se sentara en la orilla. Sólo me miraba pues no lo dejé tocarme. Me bajé la parte alta del vestido, dejándole mirar los pechos con los pezones erectos. Me froté el sexo tomando entre los dedos un poco de humedad, pasándolo suavemente por ellos y le hice lamerlos. Sentía su lengua cálida, delinear mis aureolas, sentí sus labios chuparme con fuerza y gemí suavemente.

Hice que se echara de espaldas, me quité totalmente el vestido y me puse a su lado, para contemplarlo ahí frágil y viril. Se sexo humedecido, venoso, su glande se me antojaba jugoso. Lamí su abdomen, dándole suaves mordiscos, y arañé suavemente sus caderas. Besé el interior de sus muslos, pasando mi lengua por sus ingles. Sus manos acariciaban fuerte mi cabello. Gimió desesperado de que llegara a su centro, y me exitaba más. También tú te desesperas cuando te lamo de esa manera. Cuando sientes que te estoy oliendo como desesperada, como si fueras mi droga. Lo olí, y me grabé ese olor tan íntimo como he grabado por siempre el tuyo y el de otros amantes de una noche.

Al fín, lamí delicadamente su glande, delineando sus contornos, descubriendo con mi lengua sus secretos. Degusté su líquido pre seminal y continué dibujando toda la geografía de su sexo. Lo sentía caliente en mi boca, llenándome rotundamente, y él sólo gemía, enteramente confiado, dependiendo de mi para su placer.

Su cuerpo temblaba bajo el mío, mientras chupaba perezosamente sus testículos, introduciéndolos por completo en la boca para jugar con ellos. Con las manos apretaba sus nalgas y lo sentí hincharse, listo para eyacular entonces lo tomé entre los labios para que descargara dentro. Fue un placer, beberlo a él como te bebo a tí.


El me atrajo hacia su boca y me besó sin inhibiciones. Me puso de espaldas y sentí el frío de las sábanas contra mi piel caliente. Me mordió el cuello suavemente y puso su sexo contra mis nalgas. Me rozó tan enloquecedoramente, que comenzé a emitir gemidos más altos. Mientras me acariciaba con su sexo, lamió toda mi columna vertebral y me hizo abrir de piernas para entrar sus dedos en mi. Largas caricias desde mi clítoris hasta el centro que estallaba de placer. Me moví contra esa mano, me restregué fuerte. El, erecto nuevamente, dispuesto ya a entrar en combate me colocó en posición para penetrarme. Jugueteaba en mi entrada con su glande mientras me ponía su mano en la boca. Estaba tan desesperada que le mordí un dedo con fiereza y lo chupé como queriendo extraer algo, pero no supliqué que entrara en mí de una vez.

Me penetró cuando menos lo esperaba y solté un grito. Me llenaba por completo. Entraba profundamente en cada embestida creando una fricción deliciosa en mi interior, quemándome. Me hizo arrodillar en la cama, para que lo sintiera con más potencia, mientras me acariciaba con furia las nalgas y golpeaba su vientre contra ellas. Sentí la inminencia del orgasmo y me moví con furia hacia él, exigiéndole más. Lo estaba haciendo con él, pero pudo ser cualquiera. Pudiste ser tú. Yo no veía a la persona que me estaba poseyendo, dándome placer y tampoco me importaba.

El gemía a mi espalda , el sudor me bajaba por los pechos y los muslos. Mi sexo se contrajo, apreté fuertemente ese falo obligándolo a soltar su carga y solté un grito de éxtasís. Me besó y nos recostamos en la cama aún jadeando, buscando aire y temblando. Me volví hacia él queriendo beber su sudor. Lamí su pecho, metí mi cara en sus axilas, mordí la parte interna de sus brazos mientras nos quedábamos dormidos, por no sé cuanto tiempo.

Sólo recuerdo que al despertar y sentirlo abrazándome, fui besando sus brazos
lentamente, lamiéndolo aquí y allá, y me subí sobre él. Nos recuperamos
poco a poco, mientras yo besaba su mandíbula, sus mejillas sus párpados. Lo hice
sonreir. Igual a como arranco de tí esa ternura post coito, esa sonrisa entre
cómplice y coqueta, esa mirada agradecida.

Pegué mi sexo al de él mientras hundía mi cara en su cuello, besándolo. Me frotaba hacia su miembro en reposo, suavemente, invitándolo a darme más. Sus manos apretaron mis nalgas haciéndome ir más rápido hasta que estuvo erecto otra vez. Nuestros cuerpos sudorosos y calientes juntándose, mis pechos contra el suyo provocándole y todo volvió a empezar.


Me agarró de las caderas y mientras me miraba fijamente a los ojos, me obligó a bajar sobre su sexo hundiéndolo. Comenzé un vaivén delicioso, subía hasta casi sacarlo y bajaba hasta volver a tenerlo por completo, suave y profundamente. Mis pechos se balanceaban de un lado al otro. Apoyé mis manos en él, mientras me agarraba fuerte de las caderas obligándome a ir más de prisa. Gemiamos al unísono, lo sentía resbalar en mi interior, su glande entrar y salir, lo necesitabas más dentro, más rápido, más intenso.

Me colocó bajo él y puse mis piernas a cada lado de sus caderas apretándolo y entró tan profundamente que a cada embestida soltaba un fuerte gemido. El placer que me daba era salvaje, dolorosamente salvaje. No quería que terminara y él seguía dándome más mientras miraba fijamente mi rostro, pendiente del movimiento de mis labios.

El sudor bajaba por su cara, y por su pecho y yo no paraba de gemir ni de moverme fuerte contra él mientras sentía espasmos recorrerme por entero y mi sexo palpitar. Entonces lo ví tensarse, hacer una mueca y darme su estocada final. Lo apreté aún más, para recibir su semen. Me inundó, con ardientes cañonadas, una tras otra, y se desplomó sobre mí y yo adoré todo su peso aplastándome contra la cama, disfruté ese abrazo.

¿Cómo decirte que anoche la pasé tan bien, que entre sus brazos, me sentí plena y complacida? ¿Cómo decirte que recorrimos el mundo en esa cama, y embriagados de pasión bajamos al mismisimo infierno? ¿Comprenderías tú que te amo, y que haberme acostado con otro no cambia las cosas?.

No soy tonta, te puede haber pasado lo mismo, quizá con alguna rubia que te sonrió en el bar, te gustaron sus pechos y terminaron la noche en un motel, pero tu chica sigo siendo yo. Me sigues amando. Sin embargo nunca entenderías que algo como esto me ocurra y en nada cambie lo que siento por tí. No entenderías que tus travesuras, son las mismas que hago.

Por eso no te enviaré esta carta. Lo publicaré en alguna revista de literatura, o en mi blog. Quizás uno de tus amigos la lea y te pregunte si hay algo verdadero en lo escrito y tú contestarás riendo -No, es sólo producto de la imaginación de mi chica, le encanta escribir.-

Sin embargo te quedará la duda, me repetirás la pregunta y yo recordaré este momento. Su cuerpo desnudo en la cama, con el sexo en reposo, y el gesto relajado. Mi entrepierna aún húmeda goteando su semen. Recordaré también que hice una pausa mientras escribía para mirarlo, y te contestaré;

-No amor, es pura imaginación.-

Imagen: Ser Solidao
By dragonfly -DeviantArt

posted by Glifo @ 6:15 p.m.   17 comments



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